Empecé por La Interpretación de los sueños de Freud. Los encontré hace años en el Rastro, como tantos otros, de esta guisa (me refiero a la primera foto que aparecen las portadillas). Como veis estaban en rústica con portadillas de cartulina y los he transformado, en algo más artístico para tener un lugar destacado en la biblioteca.

Me he ocupado del “continente” del libro. Sobre el “contenido”, mi profesor profesor Javier Arenas Planelles, ha sido tan amable de escribir un comentario que recomiendo lo leáis, si queréis no sólo tener una obra de arte en vuestra biblioteca sino también una joya en vuestro saber.

 

Nota de Carrer Espinela en El Molí d´Enmig

ACHERONTA MOVEBO

‘Flectere si nequeo superos, Acheronta movebo’

es el epígrafe, verso de Virgilio, con el que Freud abre la ‘Traumdeutung’, su obra magna.

Si no me atienden los dioses del cielo, agitaré a los del mundo subterráneo viene a decir, advertencia que suena a desafío, si no a ajuste de cuentas, y que podríamos enlazar con aquella admonición que pronuncia unos pocos años después, en llegando al puerto de Nueva York, y sorprendido ante tan jubiloso recibimiento, le comenta a Jung, “Si al menos supieran lo que les traemos…”, que Lacan transformará en una versión mucho más inquietante, “No saben que les traemos la peste…”, que es como ha prendido en la leyenda, y que daría para sabrosos desarrollos sobre la genuinidad del tan cacareado ‘retorno a Freud’ del francés.

El hecho es que con la publicación de ‘La interpretación de los sueños’ Freud sienta los cimientos del edificio psicoanalítico, disciplina revolucionaria en lo que a la concepción y construcción de la subjetividad respecta.

Pero hablar hoy en día de revoluciones puede sonar a utopismos desfasados o a sueños rotos.

El siglo XX ha sido escenario y testigo de múltiples e intensas convulsiones políticas y sociales, y en sus reflujos estamos. Los temblores del siglo XXI que nos sacuden no son nada tranquilizadores.

En el campo ‘psi’ que nos atañe la subversión freudiana tampoco vive sus mejores horas en tiempos de cognitivismos y neurobiología, pero es que habría que decir que más allá de los cuatro tópicos de traumas, divanes, Edipo y sexo que circulan en las viñetas de humor o en los catálogos de autoayuda, bien escaso es lo que del psicoanálisis ha trascendido con fundamento a nuestra cultura. Así que después de cien años de ascenso y caída de su gloria y esplendor, a día de hoy no llega mucho más allá de ser considerado una reliquia teórica ocurrente que ha envejecido mal, una práctica obsoleta por farragosa, fantasiosa, interminable y cara.

Podríamos ponernos dignos y altivos y despachar tamañas críticas como infamias y resistencias, pero no nos engañemos, son tiempos donde el objetivo mediático es el goce low cost y urgente, y el psicoanálisis ni lo cultiva ni lo profesa, sino todo lo contrario.

¿Cuántos de nuestros hijos guasaperos abducidos por las pantallas y desertados del papel van a leerse un libro como el que tan amorosamente ha encuadernado Sarah Olsen?

Que cada uno se responda. No seré yo quien entierre al psicoanálisis. Vivo de él. Creo en él.

Pero confieso mi pesimismo. Me siento de la tribu de los Mohicanos. Buena gente en extinción.

Mas que no decaiga.

Por eso hoy, uno de Enero de un año más, y poniéndoles a ustedes por testigos, me comprometo a seguir en la trinchera. O mejor, guerrillero, formador de guerrilleros, seguiré en la brecha activa y montaraz de elucidar y enseñar a elucidar la verdad inconsciente, infiltrada entre los decires. Mientras el deseo empuje y el cuerpo aguante.

‘¡Acheronta movebo!’

Javier Arenas, psicoanalista.

La Interpretación de los Sueños. Sigmund Freud.

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